Siempre me ha parecido interesante esa especie de sensación reconfortante que despierta en las personas el petricor alborotado que despiden las primeras gotas de lluvia al iniciar su golpeteo sobre la tierra; sin duda uno de los olores favoritos de la gente; sin embargo, en mi memoria le compite fuertemente el olor a tierra seca, esa tierra que de niño se acumulaba entre las uñas de mis manos y es que de repente un buen día resultó que el patio de mi casa (además de ser particular) se comenzó a cotizar alto entre los chiquillos de la cuadra, pues a diferencia del de la mayoría de los vecinos que ya lucían sus planchas de cemento, el de mi casa “era de tierra” y en una época en la que la imaginación y la facilidad de andar en la calle sobraban -y lo digo sin la menor intención de iniciar comparativas ociosas entre generaciones- mi patio era todo un mundo de posibilidades para quien por lo menos tuviera un hot wheels y un tostón, que era lo que cobraba la caseta (apropiadamente administrada por mi por aquello de los gastos operativos).

¡Y entonces si! en un santiamén una concurrencia -muy sui géneris por cierto- abarrotaba el lugar. Estaban los que solo pretendían circular los caprichosos caminos que se toparan ese día, mientras que estaba el no menos números grupo de los camineros que cual semillero de la SCT se apersonaban para recibir sus respectivos tramos en donde harían gala de su creatividad e ingenio para el diseño y construcción de puentes, pasos a desnivel, carreteras y vialidades que habrían de ponerse a prueba en la hora pico del resto de los niños que en su imaginación ya aceleraban sus respectivos carros a manera de presión.

Dos eran los desafíos a los que nos que enfrentábamos esas tardes de tráfico intenso; el primero correspondía a los constructores, pues independientemente de lo creativos que se pusieran con sus obras, por fuerza tenían que conectar con las vialidades colindantes de los demás, lo que suponía un ejercicio de negociación y logística no siempre diplomáticas. Por otra parte, el segundo desafío correspondía a los conductores y el grado de desarrollo de su ubicación espacial (y talla de zapatos) pues tenían que hacer los respectivos recorridos con cuidado de no tumbar con los pies las obras que quedaban a sus espaldas, por que entonces si se armaba la trifulca, lo que dio origen a un curioso y pequeño tercer grupo de niños -y un nuevo mercado para mi- eran los niños que no tenían carritos y se entretenían viendo como cobraba vida aquella improvisada ciudad que para aproximarse lo más posible a la realidad también comenzaba a convertirse en un caos, yo tenía carritos y en una ocasión me atreví a decirles que se los prestaba -era yo muy buena gente, pero también quería que pagaran sus 50 centavos- pero resultó que los ofendí “que nos viste cara de pobres o qué?” Me inquirió el más grande de tres niños mientras se rascaba el chamorro con la uña del dedo gordo que se asomaba por el agujero del zapato; a lo que pensé: “a lo mejor no saben manejar” pero ese no fue impedimento para hacerlos parte de esa productiva mini sociedad y fue así como los nombre el H. Cuerpo de Transito, policía y asuntos varios.

Al caer la tarde las mamás comenzaban a pasar lista gritando el nombre completo de cada niño; momento que le ponía el toque gracioso al cierre del día, pues en ese entonces se estilaba poner aparte del nombre del papá, el nombre del santo correspondiente al día en que nacieron, nunca olvidaré a Fulgencio (y ese era el nombre del papá). Poco a poco comenzaba la desbandada e invariablemente se acercaban conmigo y me decían “no seas gacho, así déjalo, no lo tires” y con dolor de mi corazón les decía que eran órdenes estrictas de mi santo padre, no era cierto, pero yo tenía que velar por renovar constantemente su ingenio, ayudarlos a desarrollar su tolerancia a la frustración, procurarles el anhelo de un nuevo día lleno de posibilidades y bueno pues ya de pasadíta, venderles un tostón de imaginación.

R.E.

Lic Psic. Rogelio Escudero EQUILIBRIUM

Psicólogo

LP Rogelio Escudero Roldán Acompaño a personas que atraviesan momentos de confusión, crisis personales, conflictos famil...

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